René FernándezSiempre he dicho, he escrito, que no se puede hablar del teatro matancero sin que la figura de René Fernández Santana  no esté en cada espacio, institución y cada hecho relevante: el Conjunto Dramático de Matanzas, el Lírico, el Circo Atenas y Papalote, del que es su columna vertebral. Los documentos y sus actos lo atestiguan. René fue mi maestro, el que me dio la posibilidad de actuar en Disfraces y luego en Convocando a Carilda. El que dejó como en muchos, su magisterio, su huella, que afianza trabajando desde la creación, persistente y soñador, como el muchacho que en 1962 pasó con los Camejos, el cursillo en Daoiz.

René que es director, coreógrafo, promotor, diseñador, actor, dramaturgo, y también es mi amigo. En los 50 años de Papalote, cuando se recuerdan a los que por allí pasaron y la trayectoria de un colectivo que es el reflejo de sí mismo, porque aun sigue sobre la tierra, empinando el Papalote, la entrega de la Condición de Artista de Mérito de la UNEAC es un homenaje a su biografía creadora, un reconocimiento a su sensibilidad y a sus aportes a la escena cubana.  Matanzas que lo ve caminar cada día desde El Naranjal hasta su sala, lo ve como alguien que lleva consigo la cotidianidad y es un clásico vivo, el autor más representado – y aún por estudiar a profundidad – y publicado del teatro para niños y títeres.

Representado en Cuba y en el extranjero. El creador de espacios, de eventos; el forjador de generaciones y especialmente de una institución que ha construido su historia, más allá del propio colectivo Papalote. A Papalote y a René hay que agradecerle que cada fin de semana nuestros niños y niñas se encuentren con el repertorio de  una agrupación emblemática, a la que ahora se suma la nueva sede de Teatro de Las Estaciones. Cuando llevo a Isabel al Teatro, René que ama los niños, siempre habla de sus ojos y se preocupa por cada una de sus reacciones. Le escribió incluso un texto hermoso. También se preocupó cuando su espectadora más fiel,  reaccionó negativamente ante El Diablo en su obra Los Ibeyis...  Esa noche no durmió y como creador auténtico, buscó la respuesta, con el cariño de quien trabaja por los niños desde la pasión.  René es también – como muchos actores y directores matanceros – archivista de vocación, resguardando la memoria personal y de su grupo. Gracias a esos aportes existe su área de documentación y muchas de las que en nuestra CASA conservamos. Entre sus donaciones más valiosas están la de sus diseños para el teatro. Nos la legó con respeto y admiración, mutua. He estudiado su dramaturgia, he escrito muchas de las notas de sus puestas y algunos prólogos de sus libros, lo que me ha ayudado a comprender los rasgos de su poética escritural y espectacular. La evolución y líneas temáticas de su obra. Es mi colega y maestro. Abrazo a René por estos 50 años de Papalote y como creador, al que le dedico El Anaquel y mi debut  con Buena Muerte, donde estoy seguro, estará como un invitado especial, en la primera fila de butacas.


Por: Ulises Rodríguez Febles