Emilio BallagasLa revista Mar Desnudo, - como en más de una ocasión hemos comentado en nuestras páginas digitales- debe su nombre a los dos versos iniciales del poema “Elegía sin nombre” de Emilio Ballagas, Descalza arena y mar desnudo. Mar desnudo, impaciente, mirándose en el cielo. Estos versos sirvieron a la escritora y editora Laura Ruiz Montes, para gestar el nacimiento de esta revista que arriba a su segundo aniversario.

En algunas notas editoriales relacionadas sobre todo con la presentación de la revista, hemos escrito sobre Emilio. En el número once de Mar Desnudo, correspondiente a octubre del 2008, publicamos un Dossier sobre Ballagas aparecido en La Revista Matanzas en su edición mayo-agosto 2008; Sin embargo, en ninguna de estas ocasiones ha estado presente la poesía de Emilio Ballagas. Su voz propia, su verso desnudo, despojado del ropaje de las interpretaciones.

Es por esa razón que hemos creído oportuno presentar a nuestros lectores una selección de su poesía. Será en este caso un conjunto tomada del libro “Emilio Ballagas, Obra poética” - publicado en 1984 por Letras Cubanas-  y brillantemente prologado por su compilador, Eduardo Navarro, quien desentraña con rigor los intrincados senderos estético-temáticos por los que transcurrió la poesía de Ballagas.

Nuestra selección – mucho más pequeña que la original – abordará sólo algunas regiones de su creación, enfatizando en aquellas menos conocidas y sobre todo en esas zonas donde su verso alcanza un mayor grado de perfección. De su Poesía Negra – mucho más difundida y estudiada – sólo hemos incluido los antológicos “Comparsa habanera” y “Para dormir a un negrito”; por otra parte, preferimos dejar fuera su producción poética de motivación cristiana, ya que salvo algunos momentos dispersos, es estéticamente inferior al resto de su obra.

Troquemos entonces el llanto de la Elegía sin nombre en Homenaticum jubiloso ante la poesía de Emilio Ballagas.
 

Abel G. Fagundo

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Selección Poética

ÍNDICE

Primeros Poemas
Close_Up

De Júbilo y fuga (1931)
Vísperas
Inicial
La Noche I
La Noche II
Sentidos
Huir

De Sabor eterno (1939)
De otro modo
Elegía sin nombre
Nocturno y Elegía
Poema impaciente
Soneto sin palabras

Cuaderno de poesía negra (1934)
Para dormir a un negrito
Comparsa habanera

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Primeros Poemas

Close_Up

Mi soledad cuelga
sus brazos largos a mi cuello
para envolverme dentro
de su helado aliento
de nostalgia.

        I

el búcaro, los muebles, las cortinas
i el Cuadro Grande
del desierto salón
han hecho Silencio Absoluto
—como en las películas—
para vernos confundidos
en un solo Beso
—Metro  Goldwin  Mayer—
hasta que va cerrándose
poco a poco
el close-up.

Antenas, 1 de noviembre de 1928

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De Júbilo y fuga (1931)

Víspera

    Ya muestra en esperanza
    el fruto cierto
           Fray Luis

Estarme aquí quieto, germen
de la canción venidera
-íntegro, virgen, futuro.

Estarme dormido -íntimo-
en tierno latir ausente
de onda presencia secreta.

Y éxtasis -alimento-
de ignorarme -ausente, puro-
nonnato de claridades
con la palabra inicial
y el dulce mañana intacto.

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Inicial

       ...de la adorable juventud
       pri¬mera espiga de oro y prematura poma.
                                                 Píndaro

El pie en el primer estribo
del viaje inicial.

En los ojos, en los ojos,
¡qué mundos de maravilla!
Y la primera mirada
al paisaje que amanece.

Capullo aún, en la boca,
el primer beso.
Las manos,
¿para sostener las bridas?

- Las manos...
Para abrirlas y dejar
que el paisaje eche a correr.

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La Noche I

Viene la noche a mis pies
coma la sombra de un perro
(ladra con sus largos ecos)

Viene la noche a olfatearme.

La noche
como la sombra de un perro
mueve la cola del viento,
la cola fría del viento…

Viene la noche a mis pies
- huraña -
como la sombra de un perro

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La Noche II

No cae, se levanta
y echa a andar por la tierra

Lleva los pies desnudo
y marcha por la alfombra
de musgo de silencio.
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Sentidos

¡Que me cierren los ojos con uvas!
(Diáfana, honda plenitud de curvas.)

Que me envuelva un incendio de manzanas
y un claro rumor de dátil y azúcar!

Que me envuelvan -presagio de pulpa-
en ciruelas de tacto perfumado...

Inundadme
en pleamar de pétalos y trinos.

Que me ciñan -¡ceñidme!- de eclípticas azules.

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Huir

¡Cómo me echara a rodar
por este mundo sin forma!
Cómo me diera a correr
driver en auto sin sombra.

Por el paisaje sin forma
huidizo... resbalado:
en el huir y el huir
transfundido... deshelado.
 
Por montañas sin recuerdo
por mares nulos, insomnes,
de azufre, plata y azogue...
amnesia total, deshielo.

Cómo me diera a rodar
-noches, pistas, mares, nombres,
prisas, nubes, torres, mundos-
sin vuelta -liberación.
¡Qué preso -libre- en la fuga!
La prisa atrás, rezagada.
Libre -¡qué preso!- en la fuga.

¡Cómo me diera a correr
driver en auto sin sombra;
ya sin amarras del hoy,
libre de ayer y mañana...
desatado, blanco, eterno!

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De Sabor eterno (1939)
 

De otro modo

Si en vez de ser así,
si las cosas de espaldas (fijas desde los siglos)
se volviesen de frente
y las cosas de frente (inmutables)
volviesen las espaldas,
y lo diestro viniese a ser siniestro
y lo izquierdo derecho...
¡No sé cómo decirlo!

Suéñalo
con un sueño que está detrás del sueño,
un sueño no soñado todavía,
al que habría que ir,
al que hay que ir
(¡No sé cómo decirlo!)
como arrancando mil velos de niebla
y al fin el mismo sueño fuese niebla.

De todos modos, suéñalo
en ese mundo, o en éste que nos cerca y nos apaga
donde las cosas son como son, o como dicen que son
o como dicen que debieran ser...
Vendríamos cantando por una misma senda
y yo abriría los brazos
y tú abrirías los brazos
y nos alcanzaríamos.
Nuestras voces unidad rodarían
hechas un mismo eco.

Para vernos felices
se asomarían todas las estrellas.
Querría conocernos el arcoiris
palpándonos con todos sus colores
y se levantarían las rosas
para bañarse un poco en nuestra dicha...
(¡Si pudiera ser como es,
o como no es... En absoluto diferente!)

Pero jamás,
jamás
¿Sabes el tamaño de esta palabra:
Jamás?
¿Conoces el sordo gris de esta piedra:
Jamás?
¿Y el ruido que hace
al caer para siempre en el vacío:

Jamás?

No la pronuncies, déjamela.
(Cuando esté solo yo la diré en voz baja
suavizada de llanto, así:

Jamás...)
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Elegía sin nombre

            But now I think there is no unreturn'd
            love, the pay is certain one way or another,
            (I loved a certain person ardently
             and my love was not return'd,
            Yet out of that I have written these songs.)
                                    WALT WHITMAN

             Mas ¿qué importan a mi vida las
             playas del mundo?
            Es ésta solamente quien clava mi
            memoria.
                                  LUIS CERNUDA

Descalza arena y mar desnudo.
Mar desnudo, impaciente, mirándose en el cielo.
El cielo continuándose a sí mismo,
persiguiendo su azul sin encontrarlo
nunca definitivo, destilado.

Yo andaba por la arena demasiado ligero,
demasiado dios trémulo para mis soledades,
hijo del esperanto de todas las gargantas,
pródigo de miradas blancas, sin vuelo fijo.

Se hacían las gaviotas, se deshacían las nubes
y tornaban las olas a embestir a la orilla.
(Tanta batalla blanca de espumas desatadas
era para cuajar en una sola concha, sin imagen de nieve ni sal pulida y dura.)

El viento henchía sus velas de un vigor invisible,
danzaba olvidadizo, despedido, encontrado
y tú eras tú.
Yo aún no te había visto.
Hijo de mi presente —fresco niño de olvido—
la sangre me traía noticias de las manos.
Sabía dividir la vida de mi cuerpo como el canto en estrofas:
cabeza libre, hombros,
pecho,
muslos y piernas estrenadas.
Por dentro me iba una tristeza de lejanas, de extraviadas palomas,
de perdidas palabras más allá del silencio,
hechas de alas en polvo de mariposas
y de rosas cenizas ausentes de la noche...
Girasol en los sueños: aún no te había visto.
Imán. Clavel vivido en detenido gesto.
Tú no eras tú.

Yo andaba, andaba, andaba
en un andar en andas más frágil que yo mismo,
con una ingravidez transparente y dormida
suelto de mis recuerdos, con el ombligo al viento...
Mi sombra iba a mi lado sin pies para seguirme,
mi sombra se caía rota, inútil y magra;
como un pez sin espinas mi sombra iba a mi lado,
como un perro de sombras
tan pobre que ni un perro de sombras le ladraba.

¡Ya es mucho siempre siempre, ya es demasiado
siempre, mi lámpara de arcilla!
¡Ya es mucho parecerme a mis pálidas manos
y a mi frente clavada por un amor inmenso,
frutecido de nombres, sin identificarse
con la luz que recortan las cosas agriamente!
¡Ya es mucho unir los labios para que no se escape
y huya y se desvanezca
mi secreto de carne, mi secreto de lágrimas,
mi beso entrecortado!

Iba yo. Tú venías,
aunque tu cuerpo bello reposara tendido.
Tú avanzabas, amor, te empujaba el destino,
como empuja a las velas el titánico viento de hombros
estremecidos.
Te empujaban la vida, y la tierra, y la muerte
y unas manos que pueden más que nosotros mismos:
unas manos que pueden unirnos y arrancarnos
y frotar nuestros ojos con el zumo de anémonas...

La sal y el yodo eran; eran la sal y el alga;
eran, y nada más, yo te digo que eran
en el preciso instante de ser.
Porque antes de que el sol terminara su escena
y la noche moviera su tramoya de sombras,
te vi al fin frente a frente,
seda y acero cables nos tendió la mirada.
(Mis dedos sin moverse repasaban en sueños
tus cabellos endrinos.)
Así anduvimos luego uno al lado del otro,
y pude descubrir que era tu cuerpo alegre
una cosa que crece como una llamarada que desafía al viento,
mástil, columna, torre, en ritmo de estatura
y era la primavera inquieta de tu sangre
una música presa en tus quemadas carnes.

Luz de soles remotos,
perdidos en la noche morada de los siglos,
venía a acrisolarse en tus ojos oblicuos,
rasgados levemente,
con esa indiferencia que levanta las cejas.
Nadabas,
yo quería amarte con un pecho
parecido al del agua; que atravesaras ágil,
fugaz, sin fatigarte. Tenías y aún las tienes
las uñas ovaladas,
metal casi cristal en la garganta
que da su timbre fresco sin quebrarse.
Sé que ya la paz no es mía:
te trajeron las olas
que venían ¿de dónde? que son inquietas siempre;
que te vas ya por ellas o sobre las arenas,
que el viento te conduce
como a un árbol que crece con musicales hojas.

Sé que vives y alientas
con un alma distinta cada vez que respiras.
Y yo con mi alma única, invariable y segura,
con mi barbilla triste en la flor de las manos,
con un libro entreabierto sobre las piernas quietas,
te estoy queriendo más,
te estoy amando en sombras,
en una gran tristeza caída de las nubes,
en una gran tristeza de remos mutilados,
de carbón y cenizas sobre alas derrotadas...

Te he alimentado tanto de mi luz sin estrías
que ya no puedo más con tu belleza dentro,
que hiere mis entrañas y me rasga la carne
como anzuelo que hiere la mejilla por dentro.
Yo te doy a la vida entera del poema:
No me avergüenzo de mi gran fracaso,
que este limo oscuro de lágrimas sin preces,
naces —dalia del aire— más desnuda que el mar
más abierta que el cielo;
más eterna que ese destino que empujaba tu presencia a la mía,
mi dolor a tu gozo.

¿Sabes?
Me iré mañana, me perderé bogando
en un barco de sombras,
entre moradas olas y cantos marineros,
bajo un silencio cósmico, grave y fosforescente...

Y entre mis labios tristes se mecerá tu nombre
que no me servirá para llamarte
y lo pronuncio siempre para endulzar mi sangre,
canción inútil siempre, inútil, siempre inútil,
inútilmente siempre.

Los pechos de la muerte me alimentan la vida.

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Nocturno y Elegía

Si pregunta por mí, traza en el suelo
una cruz de silencio y de ceniza
sobre el impuro nombre que padezco.
Si pregunta por mí, di que me he muerto
y que me pudro bajo las hormigas.
Dile que soy la rama de un naranjo,
la sencilla veleta de una torre.

No le digas que lloro todavía
acariciando el hueco de su ausencia
donde su ciega estatua quedó impresa
siempre al acecho de que el cuerpo vuelva.
La carne es un laurel que canta y sufre
y yo en vano esperé bajo su sombra.
Ya es tarde. Soy un mudo pececillo.

Si pregunta por mí dale estos ojos,
estas grises palabras, estos dedos;
y la gota de sangre en el pañuelo.
Dile que me he perdido, que me he vuelto
una oscura perdiz, un falso anillo
a una orilla de juncos olvidados:
dile que voy del azafrán al lirio.

Dile que quise perpetuar sus labios,
habitar el palacio de su frente.
Navegar una noche en sus cabellos.
Aprender el color de sus pupilas
y apagarse en su pecho suavemente,
nocturnamente hundido, aletargado
en un rumor de venas y sordina.

Ahora no puedo ver aunque suplique
el cuerpo que vestí de mi cariño.
Me he vuelto una rosada caracola,
me quedé fijo, roto, desprendido.
Y si dudáis de mí creed al viento,
mirad al norte, preguntad al cielo.
Y os dirán si aún espero o si anochezco.

¡Ah! Si pregunta dile lo que sabes.
De mí hablarán un día los olivos
cuando yo sea el ojo de la luna,
impar sobre la frente de la noche,
adivinando conchas de la arena,
el ruiseñor suspenso de un lucero
y el hipnótico amor de las mareas.

Es verdad que estoy triste, pero tengo
sembrada una sonrisa en el tomillo,
otra sonrisa la escondí en Saturno
y he perdido la otra no sé dónde.
Mejor será que espere a medianoche,
al extraviado olor de los jazmines,
y a la vigilia del tejado, fría.
No me recuerdes su entregada sangre
ni que yo puse espinas y gusanos
a morder su amistad de nube y brisa.
No soy el ogro que escupió en su agua
ni el que un cansado amor paga en monedas.
¡No soy el que frecuenta aquella casa
presidida por una sanguijuela!

(Allí se va con un ramo de lirios
a que lo estruje un ángel de alas turbias.)
No soy el que traiciona a las palomas,
a los niños, a las constelaciones...
Soy una verde voz desamparada
que su inocencia busca y solicita
con dulce silbo de pastor herido.

Soy un árbol, la punta de una aguja,
un alto gesto ecuestre en equilibrio;
la golondrina en cruz, el aceitado
vuelo de un búho, el susto de una ardilla.
Soy todo, menos eso que dibuja
un índice con cieno en las paredes
de los burdeles y los cementerios.
Todo, menos aquello que se oculta
bajo una seca máscara de esparto.
Todo, menos la carne que procura
voluptuosos anillos de serpiente
ciñendo en espiral viscosa y lenta.
Soy lo que me destines, lo que inventes
para enterrar mi llanto en la neblina.

Si pregunta por mí, dile que habito
en la hoja del acanto y en la acacia.
O dile, si prefieres, que me he muerto.
Dale el suspiro mío, mi pañuelo;
mi fantasma en la nave del espejo.
Tal vez me llore en el laurel o busque
mi recuerdo en la forma de una estrella.

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Poema impaciente

¿Y si llegaras tarde,
cuando mi boca tenga
sabor seco a cenizas,
a tierras amargadas?
¿Y si llegaras cuando
la tierra removida y oscura (ciega, muerta)
llueva sobre mis ojos,
y desterrado de la luz del mundo
te busque en la luz mía,
en la luz interior que yo creyera
tener fluyendo en mí?
(Cuando tal vez descubra
que nunca tuve luz
y marche a tientas dentro de mí mismo,
como un ciego que tropieza a cada paso
con recuerdos que hieren como cardos.)

¿Y si llagaras cuando ya el hastío
ata y venda las manos;
cuando no pueda abrir los brazos
y cerrarlos después como las valvas
de una concha amorosa que defiende
su misterio, su carne, su secreto;
cuando no pueda oír abrirse
la rosa de tu beso ni tocarla
(tacto mío marchito entre la tierra yerta)
ni sentir que me nace otro perfume
que le responda al tuyo,
ni enseñar a tus rosas
el color de tus rosas?

¿Y si llegaras tarde,
y encontraras (tan solo)
las cenizas heladas de la espera?

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Soneto sin palabras

Ya solo soy la sombra de tu ausencia,
una oscura mitad que se acostumbra;
dulce granada abierta en la penumbra,
madura a tu rigor. Sorda existencia.

Desmayado vivir, ciega obediencia
que la memoria de tu voz alumbra.
Pupila fiel; ojo que no vislumbra
su cielo. ¡Ángel caído a tu sentencia!
 
Desterrado de asombros y colores
beso mi cicatriz y la humedezco
en salobres cristales lloradores.

Me aclimato al olvido que padezco.
Ya los agudos garfios heridores
la inútil apagada carne ofrezco.
 

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Cuaderno de poesía negra (1934)

Para dormir a un negrito

Dórmiti mi nengre,
dórmiti ningrito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.

Dómiti mi nengre,
mi nengre bonito.
¡Diente de merengue,
bemba de caimito!

Cuando tu sia glandi
vá a sé bosiador...
Nengre de mi vida,
nengre de mi amor...

(Mi chiviricoqui,
chiviricocó...
¡Yo gualda pa ti
taja de melón!)
 
Si no calla bemba
y no limpia moco
le va' abrí la puetta
a Visente e' loco.

Si no calle bemba,
te va' da e' gran sutto.
Te va' a llevá e' loco
dentre su macuto.

Ne la mata 'e güira
te ñama sijú.
Condío en la puetta "
etá e' tatajú...

Dórmiti mi nengre,
cara 'e bosiador,
nengre de mi vida,
nengre de mi amor.

Mi chiviricoco,
chiviricoquito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.

A'ora yo te acuetta
'la 'maca e papito
y te mese suave...
Du'ce... depasito...
y mata la pugga
y epanta moquito
pa que droma bien
mi nengre bonito...

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Comparsa habanera

La comparsa del farol
(bamba uenibamba bó)
pasa tocando el tambor.
¡Los diablitos de la sangre
se encienden en ron y sol!

"Ahora verá como yo no yoro.
(Jálame la calimbanyé...)
Y'orá verá como yombondombo.
(Júlume la cumbumbanyé...)"

El santo se va subiendo
cabalgando en el clamor.

"Emaforibia yambó.
Uenibamba uenigó."
¡En los labios de caimito,
los dientes blancos de anón!

La comparsa del farol
ronca que roncando va.
¡Ronca comparsa candonga
que ronca en tambor se va!

Y... ¡Sube la loma!... y ¡dale al tambor!
Sudando los congos van tras el farol.

(Con cantos yorubas alzan el clamor.)
Resbalando en un patín de jabón
sus piernas se mueven al vapor del ron.

Con plumas plumero
de loro parlero
se adorna la parda
Fermina Quintero.
Con las verdes plumas
del loro verdero.
¡Llorando la muerte
de Papá Montero!

La comparsa del farol
ronca que roncando va.
Ronca comparsa candonga
bronca de la cañandonga...
¡La conga ronca se va!

Se va la comparsa negra bajo el sol
moviendo los hombros, bajando el clamor.
Y ¡sube la loma! (y baja el clamor.
Pasa la comparsa mientras baja el sol.)

Los diablitos de la sangre
se encienden de ron y sol.

Bailan las negras rumberas
con candela en las caderas.
Abren sus anchas narices
ventanas de par en par
a un panorama sensual...

La conga ronca se va
al compás del atabal...

¡Sube la loma, dale al tambor!
Sudando los negros van tras el farol.
(Los congos dan vueltas y buscan el sol
pero no lo encuentran porque ya bajó.)

La comparsa enciende su rojo farol
con carbón de negros mojados en ron.
La comparsa negra meneándose va
por la oscura Plaza de la Catedral.
La comparsa conga va con su clamor
por la calle estrecha de San Juan de Dios.

"Apaga la vela
que'l muelto se va.
Amarra el pañuelo
que lo atajo ya.

Y ¡enciende la vela
que'l muelto salió!
Enciende dos velas,
¡que tengo a Changó!"

La comparsa conga temblando salió
de la calle estrecha de San Juan de Dios.
¡Clamor en la noche del ronco tambor!

Rembombiando viene,
rembombiando va...
La conga rembomba
rueda en el tambor.

La conga matonga
sube su clamor
ronda que rondando
¡ronca en el tambor!

En la oscura plaza del cielo rumbea
la luna. Y sus anchas caderas menea.
Con su larga cola de blanco almidón
va la luna con
su bata de olán.
Por la oscura plaza de la noche va
con una comparsa de estrellas detrás.

Y la mira el congo, negro maraquero:
suena una maraca. ¡Y tira el sombrero !

Retumba la rumba,
hierve la balumba
y con la calunga
arrecia el furor.

Los gatos enarcan
al cielo el mayido.
Encrespan los perros
sombríos ladridos.

Se asoman los muertos del cañaveral.
En la noche se oyen cadenas rodar.
Rebrilla el relámpago como una navaja
que a la noche conga la carne le raja.
Cencerros y grillos, güijes y lloronas:
cadenas de ancestros... y... ¡Sube la loma!
Barracones, tachos, sangre del batey
mezclan su clamor en el guararey.

Con luz de cocuyos y helados aullidos
anda por los techos el "ánima sola".
Detrás de una iglesia se pierde la ola
de negros que zumban maruga en la rumba

Y apaga la vela.
Y ¡enciende la vela!
Sube el farol
abaja el farol.

Con su larga cola la culebra va
Con su larga cola muriéndose va
la negra comparsa del guaricandá.

La comparsa ronca perdiéndose va.
¡Qué lejos!.. lejana... muriéndose va.
Se apaga la vela; se hunde el tambor.
¡La comparsa conga desapareció!