Luis Yuseff.
Premio Calendario.
Casa Editora Abril.
En este poemario, Luis Yuseff retoma el uso de la máscara: el poeta y el poema que escribe avanzan hacia nosotros enmascarados, en el sentido cartesiano: avanzan convertidos en otra persona, no en el Luis Yuseff con carné de identidad y dirección postal, el que contesta al teléfono y firma documentos, sino en el poeta que el autor se ha inventado, en la máscara escogida para presentarse. Poesía de referencias previas a la escritura del poema, muy efectiva y hermosa. Suele el lector, con buena memoria, realizar una lectura doble, y tener, mediante el ejercicio al que lo inducen, placeres dobles. Sus poemas traen a la poesía cubana una elegancia sentenciosa y a la vez displicente, un abandono de sabor oriental y sin embargo una precisión a lo Paul Celan.
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Con Peces de bajo fondo, Eduardo Pino ha trazado una línea ascensional en su trayectoria poética. Es este un libro de catarsis, confesional, cuestionador, que se nutre de la imagen arrancada con ímpetu a la vida. El poeta arma su cuerpo a partir del grito o del murmullo percibido en los límites de la noche, en los espacios marginados. Poesía de certidumbre y duda; miedo y audacia, para ser leída con el ojo de la nuca que descubre y vela nuevamente, en un acto de resurrección, los misterios del ser.
Entre montañas cansadas de guerra,
Desde los ya lejanos ochenta, oí por vez primera leer sus versos a Rolando Estévez. Para una recién graduada de Letras del humilde Pedagógico de Matanzas, se convirtió ese acto de escuchar e interiorizar las palabras de Rolando, en una revelación. Supuse entonces algo que todavía sigo creyendo: la poesía debe lograr ser resumen de todas las artes. Categórica en mi elección prefería todo el tiempo poemas que fueran escritos desde el alma y que cumplieran la noble causa de emocionar, enseñándonos e imaginando.Toda una década transcurrió para volver el poeta a dejarnos el placer inmenso de la palabra. Tuvo, sin dudas, que confiar a sus manos - también inteligentes- que se entregaron a dibujar entre ocres y medias tintas, lo que su cerebro le negaba a conceder: la escritura. Bienvenidos estos diez años de silencio en el verso de Rolando, porque su obra como escenógrafo, artista de la plástica, diseñador, alcanzó la madurez verdadera, no de la que hablan los elogiantes hipócritas, sino la cierta, la que se muestra y aplaude.
Por años he tenido un sueño recurrente: andaba otra vez por Moscú: a mí venían imágenes del bosque cercano a la Universidad de Lomonosov, de sus populosos pasillos –otra ciudad dentro de Moscú–, de las residencias estudiantiles con sus porteras atentas y severas y de las aulas de la Facultad Preparatoria presididas por los grandes de las letras rusas, la estación del metro Colinas de Lenin desde donde, tras sus cristaleras, vimos nevar por primera vez, los rostros de Rita y Boris, de Svetlana y Serguey, de Tamara y Víctor, nuestros profesores, que, al no exigirnos el uso de sus patronímicos, cubanizaban las relaciones; tantas veces como lo hice, he soñado ir desde la Plaza Roja y la Catedral de San Basilio, por la hormigueante calle Gorki hasta el monumento a Pushkin y me he sentado allí entre los rusos, a la viva –como decimos los cubanos– para oír el acento ruso coloquial y atrapar alguna frase “muy de ellos”...; uno de aquellos moscovitas, un 6 de junio –natalicio del poeta, impresionante demostración de veneración, me preguntó, al ver cómo yo, después de la ceremonia oficial, escuchaba a los declamadores que, de toda edad, sexo y profesión, decían versos de Pushkin o en alabanza a él: ¿Usted entiende a Pushkin? No todo... pero disfruto la musicalidad de sus poemas. ¿Ha leído a Esenin? Muy poco –me avergoncé. Entonces otro, aconsejándome terció: Léalos, ámelos...ellos son la esencia del alma rusa. Comprendí que si bien el centro político-administrativo era la Plaza Roja, en aquel parque latía la más acendrada espiritualidad de Rusia.
Martí nunca tuvo una historia clínica. Así comienza Norge Céspedes este intento de crearla, escribirla. Apoyándose en recursos periodísticos, en sus dotes de narrador y en especulaciones ensayísticas, el autor nos entrega aquí más que un documento médico, la historia de una voluntad, la de un hombre que hubo de sobreponerse a sus limitaciones físicas, a las circunstancias y embates de una vida entregada a los otros. Mediante la investigación, el trabajo de campo, el rastreo de la escasa literatura sobre el tema, Norge va armando un sólido documental que se disfruta a veces como un cuento policiaco, a veces como una novela épica, sin digresiones. Un libro necesario, testificante del altruismo infinito de nuestro gran Martí.
Julián del Casal, el nieto del pescador, el hijo del vizcaíno, cuando murió su padre, escribió solemnes versos que decían tuvo el alma más triste que la muerte. Su madre había fallecido antes, siendo él muy pequeño. Este triste acontecimiento lo volvió extraño...Melancólico. La madre había muerto para no padecer la pérdida prematura de su hijo. El padre vivió triste porque presintió, antes de morir, que sólo treinta años viviría el poeta. Después de la muerte del vizcaíno, el joven poeta se fue a vivir a una pequeña habitación situada detrás del sitio donde estaba la redacción de La Habana Elegante.
Verdadero, legítimo es el padre que puede ser buscado y mejor aún, hallado, atravesando todos los laberintos. Absolutamente real es el padre cuya totalidad puede ser intuida, descubierta, a partir de los fragmentos de imágenes que de su vida pueden percibirse. Tarea noble y ardua es ir en pos del padre. Nunca se sabe bien qué habrá de encontrarse y al estar tan implicados nada nos será ajeno. El tránsito de la búsqueda, el camino del (re) conocimiento se convertirá en viaje y sendero hacia nosotros mismos. De ahí que no todos estemos preparados para enrolarnos en la definitiva expedición que es buscar a nuestros padres, sea cual sea el camino, hallemos lo que hallemos al final de la travesía.
MAR DESNUDO...