(Fragmentos)
Sirvan ahora estos nuevos poemas que hemos encontrado, del conocido “poeta de las carretas”, no sé si por perseverancia o por casualidad, para que hagamos un nuevo acercamiento a su poética y a su personalidad, mucho más desprejuiciado y frío, sin que ni una ni otra cosa nos impidan reconocer y valorar la importancia del legado que nos hiciera, mientras nos detenemos a mirar la frescura o la violencia con que descargó su imagen sobre el papel, confiando con nitidez a la cuartilla extraviada los cambios sentimentales, filosóficos o emocionales escapados de su ser y de su época.
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La idea es algo confusa. Por un lado no sé si es un texto de Hugo Bukoswski acerca del poeta Charles Hodelín, o Charles Hodelín escribe al otro. O tal vez sea que en realidad Hugo Hodelín escribe a Charles Bukoswski. La idea es una broma pero funciona. Por otro lado encuentro que Abel Francés no es un apellido, ni mucho menos la nacionalidad del poeta; pero funciona muy inteligentemente que sea un Abel de Francia cuando en realidad es nuestro amigo Abel G. Fagundo quien escribe un texto para Jean–Pierre Duprey.
Despojada de toda fuerza y llena de ella, la poesía de Mireya Robles es, a la par, escudo para la batalla y cobijo para el día después. Conocedora de la importancia de no sucumbir a la fuerza, traza un camino de soledad donde lo que niega, también queda establecido. La fuerza, la embestida feroz, de la que huye para que no le llene espalda y frente de asperezas y llagas, es la misma fuerza que mana de sus versos para encumbrarlos. Arrasadoras y arrasadas, sus palabras son péndulo sin reposo. Alejada de los otros, dormida cuando los otros se acercan , se muestra como quien ya ardió y enseña las cenizas propias que ella misma está obligada a esparcir. En la exposición de sus cenizas están la fuerza y la ausencia de ella . La pujanza de las cenizas no puede ser discutida. Parece suave pero es una suavidad que recuerda el vigor del leño que ardió y que por debajo aún está enardecido.
Presentar un libro de análisis literario sobre la obra martiana no es, para nada, excepcional en nuestro país, lo que lo vuelve una tarea difícil. Porque mi misión, en este caso, sería hacerlo atractivo, diferente a los ojos de ustedes. Eso, necesariamente, implicaría referirme no sólo a las virtudes de su contenido –bien relevante, por ser uno de los muy poco frecuentes análisis estilísticos—sino de su posible amenidad y belleza. Y eso, lo sabemos, no abunda demasiado en los estudios teóricos a nuestro alcance.En este caso, y por suerte, se trata de un verdadero ensayo, y no de un texto árido, compendiador de datos, citas excesivas y disquisiciones más o menos inteligentes en estado bruto, de agobiante intelección para un no iniciado.
Este texto pertenece al dossier dedicado a Cintio Vitier en la Revista Matanzas. No2, Año VIII (Mayo-Agosto-2007).
Algunos años después de consagrarme a la lectura y al cultivo de la poesía hube de darme cuenta que estudiando los conceptos e ideas que sobre ella sus grandes cultivadores o estudiosos habían discernido se podía agrandar mi personal visión del mundo, y por consiguiente, la visión del mundo de cada quien, se podía esclarecer qué nos proponemos al asumirla, se podía afianzar el camino de quien se enrumba por el campo de las letras, sin distinción de género, e iba surgiendo así una especie de incesante poema sobre la naturaleza, tanto la humana como la física. En tal sentido comencé a atesorarlos en mis libretas de trabajo, y a reflexionar yo también personalmente sobre el llamado género rey de la literatura.
Tomado de la Revista Matanzas. No2, Año VIII (Mayo-Agosto-2007).
La segunda colección más amplia del gran pintor Víctor Manuel se exhibe lejos de su Habana, ciudad que lo vio nacer y donde pintaría la mayor parte de los inconfundibles retratos con que revolucionó las artes plásticas cubanas en la primera mitad del siglo XX. A casi 200 kilómetros de las grandes salas expositoras de la capital, en la sencilla localidad de Colón –que el autor de Gitana Tropical nunca visitó– se encuentra esta muestra de 27 retratos originales, efectuados en carboncillo sobre papel y gouache.
“Cobo es uno de esos rincones de Matanzas que sólo se descubren en sus cuadros o cuando se está enamorado. Es como un helecho más que tiene la ciudad agradecida”, ha dicho el pintor Manuel Hernández acerca del pintor más anciano en activo de la Atenas de Cuba. Francisco Cobo Pérez, a los 91 años de edad, es un hombre menudo que anda con los ojos perdidos, quién sabe si en el detalle de una fachado o absorto en los detalles del próximo cuadro que le ocupará. Desde el centro histórico hasta la orilla del río San Juan, y de allí a su casa de luceta blanquiazul en el barrio de La Marina , el Pintor de Matanzas es parte viva de su entorno.
MAR DESNUDO...