Crónica

Recibe Reina María Rodríguez Premio Nacional de Literatura

Febrero 18, 2014 - 12:39am

Reina María Rodríguez. Premio Nacional de LiteraturaEl más importante galardón de las letras cubana, el Premio Nacional de Literatura, en su edición de 2013, se entregó a la poetisa Reina María Rodríguez, de manos del ministro de Cultura, Rafael Bernal, como parte del programa de la XXIII Feria Internacional del Libro.

En la Sala Nicolás Guillén, de la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, se reunieron autoridades culturales y prestigiosos intelectuales para celebrar el reconocimiento a una de las más importantes voces de la literatura cubana actual.

Marta Lesmes, miembro del Jurado, elogió la obra de Rodríguez, la que calificó de vasta y de probada madurez.

En un ámbito que tantas exponentes femeninas han tenido este importante lauro, viene de alguna manera a premiar también a todas esas escritoras que lo merecen y no lo han recibido, dijo.

La homenajeada agradeció el galardón, el cual dedicó a su familia y pidió que más que un homenaje personal, este sea un tributo compartido a los colegas que en la década de 1980 discutían, creaban y analizaban juntos la realidad y la literatura de la época.

Apuntes del Aleph (Fragmentos)

Abril 13, 2012 - 4:40pm

Apuntes del AlephApuntes del Aleph son reflexiones sobre la labor del archivo, a partir de nuestra experiencia, que más bien somos una casa donde se conservan recuerdos para contárselo a nuestros nietos en libros, en soportes tecnológicos y mediante la palabra. Apuntes sobre archivistas, sobre espacios terrenales, donde la gente vive entre documentos y libros. Apuntes sobre actos humanos a favor del libro o de la memoria. No tienen un orden, porque los apunto cuando suceden y cuando deseo dejar un recuerdo para la memoria. También está la palabra escrita de otros, como la bella alocución de Lorca, pero también estarán – un día - las de Benjamín Walter, Carlos Fuentes, Amadeus Hampatá, Jorge Luis Borges…Un día, de la dispersión, saldrá a la luz un libro. Se llamará Apuntes del Aleph (O memorias de archivista). Agradezco a Enrique Ríos Prado su colaboración para otros fragmentos de El Libro del Aleph.

Medea de Barro viene a gritarnos sin palabras: ¡Hacen falta tragedias!

Abril 6, 2011 - 9:24pm

MedeaCinco y pico de la tarde, Parque de La Libertad, Ciudad de los ríos y los puentes, de la mar circundante. Se escuchan los últimos acordes de la excelente música escrita por Raúl Valdés para La Pamplinera de Teatro Mirón Cubano, colectivo responsable de esta hermosa fiesta del teatro en la calle. El gentío, mitad curioso, mitad avisado, vuelca los cuellos hacia la esquina de Ayuntamiento y Milánes, aparecen andantes esculturas de barro que detienen el tráfico, causan el asombro de los que pasan y los que esperan. Otra música hace ahora delirar al parque que de pronto se convierte en escenario otro para una puesta en escena distinta.

Lentas, ceremoniosas, ecuánimes, cargantes, aparencialmente inexpresivas, nos dejan saber que el poder expresivo del ojo humano es incalculable. Sólo los ojos de los andantes no tienen el color de la tierra, pues  tal parece que un vaho traslúcido con el tono de alguno de los surcos donde crece el alimento del hombre, se esparciera sobre el resto de los cuerpos de estos pausados andantes, sobre el parque todo y las otras estatuas: las de bronce de Martí y La Libertad, las de carne y hueso de los espectadores que atrapados en la magia del arte retrasan también su ciclo de movimientos y esperan la gentil caravana.Comienza a moverse un carro de tierra tirado por un dragón: viene Medea; la caravana en dos partida va llegando al sitio de los capiteles jónicos donde los dioses tomarán –tal vez a medias- posesión de su mandato sobre el destino de los mortales.

¿Qué tiene que ver el amor con esto?

Diciembre 16, 2009 - 11:38pm

Un extraño en la bañeraCuando el hombre sale arrastrado del estudio, al grito de ¨ ¡Fuera de aquí! ¨ que lanza Laura, las mujeres se arremolinan y la emprenden a puño cerrado contra él. Las caras se han desfigurado, un odio visceral asoma a los ojos, algo bastante cercano a la repugnancia y al desprecio. En el set las víctimas lloran, alguna que otra niña pide perdón a su madre, una asistente se acerca cariñosa y dice algo al oído de la que parece más afectada. La conductora, mientras despotrica del sexo opuesto, se despide, y Dios, como siempre, pone cada cosa en su sitio para que todos sepan que aún cuando no lo parezca sí existe la justicia sobre la tierra. Un nuevo triunfo, otro punto a la espalda de la espigada rubia, la evidencia de que estamos siendo alguna vez representados, en resumen: la cuota que toca de la correspondiente ¨ verdad ¨

A unos cuantos kilómetros, en medio de un decorado distinto, aunque parecido, una señora envueltita en carnes se arrellana al sofá. Pondrá sus manos en el regazo, soltara cierto discurso y dará paso a los invitados para quienes previamente se dispuso un par de butacas igualmente confortables que oirán atentas, como el público, de sus sinsabores y desgracias, Aquí no hay golpes pero si gritos y discusiones y palabras que nadie entiende porque empeñados en hablar cada cual a un tiempo se forma el desbarajuste y la chusmería.

Cañada Seca

Junio 20, 2009 - 11:55am

La memoria mojada o inundación de la memoria

Cañada seca. Alfredo ZaldivarAunque nací  en el hospital del Central Preston, a la orilla de la bahía de Nipe, al mar lo conocí muchos años después; tendría más de diez cuando mi padre me llevó al pueblito de Antilla, en el otro extremo de la bahía, para que viera el mar, los barcos. Vivíamos tierra adentro, en Sojo Tres, un pequeño batey de los que se formaban alrededor de un “chucho de caña”. Tomaba su nombre del río Sojo. A cada cierto tramo de la línea que llegaba hasta el Preston había una especie de grúa pesadora que recogía la caña desde las carretas, la pesaba y depositaba en vagones remolcados por una locomotora. Cada ramal de línea tenía una sucesión. Sojo Uno, Sojo Dos, Sojo Tres y así hasta el cinco. Mi padre era el pesador de Sojo Tres. A pesar de su poca instrucción tenía una fuerte vocación por las aritméticas y la geografía, gracias a la cual pudo obtener aquel “importante” puesto. No sé si su excelente ortografía también le sumó meritos. La vida en Sojo Tres se desarrollaba alrededor del chucho. La gente malvivía de cortar, sembrar y limpiar la caña en los tiempos de zafra. En tiempo muerto no se sabe de qué. Había una escuelita y una tienda. El maestro, que era de Santiago, se hospedaba en mi casa. Mi madre, además de cocer y vender santos, hacía turrones de coco para la tienda de Pifferrer, mi padrino.

Hablando del hombre Z

Febrero 16, 2009 - 2:22am

Alfredo ZaldivarYo no había cumplido aún los veinte años cuando conocí a Alfredo Zaldívar. Tras algunos meses de merodeo me decidí por fin a ir a la casona azul de la calle cercana al río. Como sucede con todas las pasiones, esta, también se convirtió en una absoluta adicción. De la mano de Alfredo descubrí el sepia del papel craf –palabra que tanta duda me daba escribir y que aún se mantiene, ahora que en la casona hay ordenadores que me señalan la palabra en rojo y me sugieren: crac o crack… Lo que enfatiza la tendencia a la adicción que yo tengo y que Vigía y Zaldívar acentuaron.

Una mañana el hombre Z me pidió pegara unos trocitos de papel sobre un pliego de otro para después rasgarlos. Me advirtió cla-.ra-men-te que el papel del pliego era exclusivo, único, especial, papiro en extinción y que debía cuidarlo y que si alcanzaba para todo lo necesario, mucho mejor… Y lo eché a perder… Como he echado a perder tantas cosas. Lo lastimé como luego he lastimado a otros, sin querer pero haciéndolo…

Matanzas y Boston: Música, Memoria y Desencuentros

Febrero 22, 2008 - 12:44am

Matanzas y BostonLa ciudad es anclaje y dispersión, enraizamiento y movimiento, rincón familiar y circulación de cuerpos anónimos. Centro de poder y placer, la ciudad incita a viajar, se abre a otros espacios. A veces dichos espacios son pliegues desconocidos dentro de la misma ciudad, otras veces es la ensoñación de la lejanía lo que convoca anhelos de otra ciudad: Matanzas llama a Boston, y los dos llaman respectivamente a Nueva York y a La Habana, y van contaminados por México y Atenas. Decía Cioran que «Mientras más desposeídos, más intensos se hacen nuestros apetitos e ilusiones.» Boston y Matanzas, paradójicamente, es donde las ilusiones y los apetitos se asientan y arden como signos, huellas y figuras.


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